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De armarios y orgullo

“Es increíble que alguien cuente que es homosexual y que eso sea noticia”.

“¿Realmente existe un clóset de donde salir en el 2020? ¿Según qué elegís salís de Narnia o no? Pensé que cada unx hacía lo que se le cantaba bien el orto con su sexualidad/afectividad/intimidad, pero no, claro, qué boluda...”.


Las frases que encabezan esta nota son reales. Así dos personas reconocidas (un legislador porteño y una actriz, cantante e influencer) se sorprendieron de que en el año 2020 y a esta altura de las circunstancias se haga tanto barullo con la salida del armario de algún o alguna famosa.


La salida del armario a la que hacen referencia ambos es la del cantante español Pablo Alborán quien, en el marco del mes del orgullo y a través de un breve video en sus redes, anunció “soy gay, y no pasa nada”. Y efectivamente, no pasa nada.

Nada más que transformar ese posteo en un poderoso mensaje para animar a cientos, miles de lesbianas, gays bisexuales, trans, interesex y personas no binarias, a dar el paso de salir, de hablar abiertamente de su sexualidad, a compartir “esa parte de sus vidas” con sus afectos, sin miedo al rechazo y a la violencia.

¿Y por qué es tan necesario, aún hoy 2020, este tipo de actos? ¿Por qué nos sigue conmoviendo y, sí, sigue siendo noticia? Porque aún, mal que le pese a tantes, el armario (o clóset) existe.


Aún hoy hablar abiertamente de la propia sexualidad en un sentido diferente a la heterosexualidad hegemónica, sigue siendo sancionado. Seguimos siendo “raras, raros”, nos siguen calificando como una “desviación” de la naturaleza. Por supuesto que el contexto actual es mucho más favorable que hace algunos años, pero lejos estamos de haber superado las etapas de “salir del armario”, anunciar públicamente lo que sentimos o, a decir de algunos sectores, “confesar” nuestra sexualidad (como si eso se tratara de un delito o algo vergonzante).


Tan lejos estamos aún de superar esa etapa que un reciente estudio realizado por la consultora Zuban Córdoba y Asociados en el mes de junio de 2020 a nivel nacional reflejó que la orientación sexual y/o identidad de género de las personas sigue estando entre los tres pretextos discriminatorios más frecuentes, alcanzando el 81,3% quienes consideran que en nuestro país es alta la discriminación hacia el colectivo LGBT+.


En un mismo sentido, según el informe ADIM (Avanzando en la inclusión de la diversidad sexual y de identidad de género en empresas y organizaciones, elaborado por la Dirección General de Igualdad de Trato y Diversidad del Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad de España, conjuntamente con la Comissão para a Cidadania e a Igualdade de Género de Portugal y la Universidad Complutense de Madrid), el 26% de las personas LGBT+ no son visibles en su ámbito laboral, principalmente para evitar rumores y estereotipos, por miedo a perder oportunidades laborales e incluso por miedo a perder el trabajo.


Resultados muy similares a la Encuesta realizada por el IPP LGBT+ en la provincia de Santa Fe en marzo 2020 que suma además que el 62% de les encuestades identificó haber vivido situaciones de discriminación por su orientación sexual y/o identidad de género en su ámbito laboral.


En el plano de la violencia institucional no estamos mucho mejor. A las corrientes agresiones policiales a personas del colectivo trans se sumaron dos casos que generan enorme preocupación.


El 1 de mayo pasado un joven gay fue agredido brutalmente por agentes de la Comisaría sexta de Río Gallegos, Santa Cruz, lo que derivó en su internación. Hasta que el caso tomó relevancia nacional, el pacto de silencio y encubrimiento dio escalofríos.

Y el 17 de junio, agentes de tránsito municipales de la ciudad de La Plata que realizaban controles en el marco de la pandemia, increparon a un ciudadano que utilizaba barbijo floreado con un contundente: “Vos, puto, seguí que tenés todo bien”.


Algunos ejemplos de lo que aún hoy, sí en 2020, sigue ocurriendo. Aquí en Argentina -donde contamos con un marco legal que garantiza los derechos LGBT+ en términos legales, pero aún luchamos por la igualdad “real”- y en el mundo entero.


En la actualidad más de 70 países penalizan o criminalizan las relaciones afectivas y sexuales consentidas entre personas del mismo sexo. Una docena de ellos con pena de muerte. Son más del doble de los países que garantizan hoy en el mundo el Matrimonio Igualitario, y el triple de aquellos que reconocen la identidad de género autopercibida a las mujeres y varones trans.


Por todo esto, y porque la construcción de una sociedad donde los armarios ya no sean necesarios aún está en pañales, seguimos pateando clósets con enorme orgullo. En junio, nuestro mes, y todo el año.


El autor es director ejecutivo del IPP LGBT+, Integrante de la CD de la Federación Argentina LGBT, Presidente del Comité Ejecutivo de la Red Gay Latino e integrante del Consejo Asesor (ad honorem) del Ministerio de las mujeres, género y diversidad nacional.

Nota original publicada en Infobae.com

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